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CEF.- Santo Domingo presente en el XXI Congreso Internacional de Investigación Científica

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¿Qué necesita aprender hoy un estudiante de posgrado para desenvolverse con éxito en el mercado laboral? ¿Y qué puede hacerse para preservar la autonomía y la salud cerebral durante el envejecimiento? Dos preguntas muy distintas, pero representadas por una misma idea: la investigación cobra verdadero sentido cuando ayuda a responder a problemas concretos.

Con esa premisa, CEF.- Santo Domingo participó en el XXI Congreso Internacional de Investigación Científica (CIC 2026), organizado por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT) y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). La institución estuvo representada por su vicerrector académico, Antonio Reina, y por la directora de Investigación Flor Berenice, quienes abordaron, respectivamente, la formación por competencias en los programas de maestría y las estrategias para favorecer un envejecimiento cognitivo saludable.

El equilibrio entre conocimientos y competencias

Antonio Reina presentó la investigación Formación por competencias y empleabilidad en la educación superior: análisis documental de programas de maestría desde la investigación institucional del CEF Santo Domingo. El trabajo examina cinco programas de perfiles muy diferentes: MBA, Finanzas, Marketing Digital, Recursos Humanos y Administración Pública.

La variedad no es casual. El objetivo era comprobar cómo se distribuyen en cada programa tres dimensiones que resultan decisivas para la empleabilidad: las competencias técnicas, las cognitivas y las socioemocionales.

“Analizamos maestrías de distinta naturaleza: un MBA con conocimientos transversales; Finanzas, con un contenido económico-financiero muy especializado; Marketing Digital, centrada en el entorno online; Recursos Humanos, más orientada a la gestión humana, el liderazgo y las competencias blandas; y Administración Pública, vinculada al ámbito institucional”, detalla el vicerrector académico.

El análisis reveló que los programas de carácter más técnico ofrecen margen para reforzar otras capacidades que también condicionan el desempeño profesional. Saber dominar herramientas, procesos o metodologías específicas resulta imprescindible, pero puede no ser suficiente en entornos donde también se exige interpretar información, resolver problemas, comunicarse, liderar o adaptarse.

“Encontramos puntos de mejora o refuerzo en las maestrías más técnicas, como Finanzas y Marketing Digital, porque ese componente predomina muy por encima de la dimensión cognitiva y socioemocional”, explica Reina. En cambio, “Recursos Humanos se acerca más a una combinación entre competencias técnicas y cognitivas, aportando al estudiante otras capacidades además de las propias de su área”.

Más que establecer una jerarquía entre programas, la investigación permite identificar hacia dónde puede evolucionar su diseño. La conclusión apunta a una formación que no obligue a elegir entre especialización y habilidades transversales.

“El modelo óptimo de un programa es aquel en el que existe un equilibrio entre las tres dimensiones: técnica, cognitiva y socioemocional”

Programas que evolucionan con el mercado laboral

La investigación no se limita a describir los contenidos de las maestrías. También ofrece una base para revisar cómo la formación responde a los cambios de las empresas, las instituciones y las profesiones.

En CEF.- Santo Domingo, los programas se actualizan cada cinco años, un proceso que permite revisar sus competencias, detectar nuevas demandas y ajustar los contenidos a una realidad laboral que cambia con rapidez.

«Al actualizar nuestras maestrías cada cinco años, orientamos los programas hacia las demandas actuales del mercado», explica el vicerrector. «De esa forma podemos alinear las competencias de nuestros egresados con las necesidades del entorno laboral».

El estudio convierte así la propia actividad académica de la institución en objeto de investigación. Analizar los programas desde la evidencia permite detectar fortalezas, localizar áreas de mejora y tomar decisiones que acerquen todavía más la formación al ejercicio profesional.

La memoria se fortalece en la vida cotidiana

La segunda aportación de CEF.-Santo Domingo al congreso trasladó el foco desde las aulas hasta el envejecimiento. La doctora Flor Berenice impartió una conferencia sobre fortalecimiento cognitivo en adultos mayores, en la que planteó una visión alejada de la idea de que cuidar la memoria consiste únicamente en realizar ejercicios repetitivos.

«Las estrategias más efectivas son aquellas que trabajan la mente de forma activa, pero conectada con la vida diaria», sostiene. «No se trata solamente de poner al adulto mayor a llenar crucigramas o hacer ejercicios de memoria de forma aislada, sino de estimular la atención, el lenguaje, la orientación, la planificación y la toma de decisiones mediante actividades significativas».

Recordar los pasos de una receta, organizar una compra, clasificar objetos, narrar una experiencia personal, realizar cálculos sencillos o resolver situaciones cotidianas son actividades que pueden estimular distintas funciones cognitivas sin desligarlas de aquello que da sentido a la vida de la persona.

«Estas tareas fortalecen la memoria y las funciones ejecutivas porque tienen sentido para el adulto mayor y se relacionan directamente con su autonomía», explica Berenice.

Este enfoque cambia también la manera de entender la intervención. El objetivo no es entrenar una capacidad de manera aislada, sino ayudar a que la persona conserve recursos para desenvolverse, tomar decisiones y participar en su entorno.

El cerebro no trabaja solo

La actividad física, el descanso, la alimentación, las relaciones sociales, el control de enfermedades crónicas y el bienestar emocional forman parte del mismo proceso.

«La memoria no se cuida únicamente con ejercicios mentales; se cuida con una vida activa, acompañada y saludable», afirma.

Caminar, bailar o realizar movimientos suaves puede favorecer la circulación, el estado de ánimo y la independencia. Mantener conversaciones, participar en grupos o continuar vinculado con la familia y la comunidad protege frente al aislamiento y ofrece estímulos constantes. Del mismo modo, dormir bien o controlar la hipertensión y la diabetes puede ser tan importante como cualquier ejercicio cognitivo.

«A veces queremos fortalecer la memoria solo con una libreta de actividades, pero el cerebro necesita algo más completo: movimiento, afecto, descanso, buena nutrición y sentido de vida. El cerebro no trabaja solo; trabaja con todo lo que la persona vive», subraya.

Por eso, su propuesta pasa por combinar estimulación cognitiva estructurada, actividad física, socialización, hábitos saludables y acompañamiento emocional. No se trata únicamente de conservar determinadas capacidades, sino de preservar la independencia y el lugar que cada persona ocupa dentro de su entorno.

«Cuando el adulto mayor se siente escuchado, útil y capaz, responde mejor. Y ahí es donde realmente ocurre el fortalecimiento: no solo en la memoria, sino también en la dignidad, la autonomía y la calidad de vida», concluye la directora de Investigación.

Las dos investigaciones presentadas por CEF.- Santo Domingo parten de ámbitos diferentes, pero terminan encontrándose en un mismo punto. En ambos casos, la investigación sale del papel para regresar a la realidad de la que nació: las aulas, el trabajo, las familias y la vida cotidiana.

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